La vitamina A y el betacaroteno (que el organismo convierte en vitamina A) son esenciales para prevenir problemas oculares. Hasta el punto de que, en algunos países en vías de desarrollo, el déficit de vitamina A es la causa más común de ceguera en personas menores de 21 años. Su primer síntoma: la llamada ceguera nocturna o incapacidad para adaptarse a la luz tenue.

Asegurar las dosis suficientes de betacarotenos, supone incluir en la dieta frutas y verduras de color amarillo y anaranjado (melocotones, albaricoques, mangos, papayas, zanahorias, melones redondos, calabaza…) y verduras de hoja verde (espinacas, acelgas…).

Degeneración macular
Es la causa principal de ceguera en ancianos y está provocada por el deterioro de parte de la retina. Uno de los factores de riesgo es la exposición prolongada a la luz brillante, lo que apoya la teoría de que los radicales libres generados por acción de la luz solar pueden dañar la retina. Como la vitamina E y los betacarotenos protegen del daño causado por los radicales libres, los expertos recomiendan dietas ricas en estos dos nutrientes. Las investigaciones apoyan esa teoría. Un estudio realizado en la Universidad de Harvard ha comprobado que los pacientes que tomaban más verduras de hoja verde tenían menor grado de degeneración macular que los que no incluían esas verduras en su dieta. Los investigadores creen que la luteína y la zeaxantina, dos betacarotenos relativos, se concentran en la retina, donde filtran los rayos solares nocivos y hacen que el ojo sea menos vulnerable.

También se ha comprobado que algunos minerales y vitaminas retrasan la degeneración macular. Son, la vitamina C (presente en verduras y frutas frescas); el cinc (en el germen de trigo, los mariscos y las legumbres); las vitaminas del grupo B (en la carne magra, el pollo, el pescado, las nueces, los cereales integrales); la vitamina E (en aceites de semillas y aguacates); los bioflavonoides (en la médula de los cítricos).

Conjuntivitis
Una infección o una alergia pueden inflamar la delicada membrana que cubre la parte frontal del ojo, lo que produce la conocida conjuntivitis, con su secuela de enrojecimiento, legañas, dolor… Si se forma una especie de anillo rojo alrededor del ojo, puede ser consecuencia de un déficit de riboflavina (vitamina B2, presente en el huevo, la leche, la carne, el pescado, las vísceras y los cereales integrales). Dolor y piel agrietada en los extremos de los ojos son otros síntomas de esa carencia.

Glaucoma
Se produce por aumento de la presión acuosa en el ojo. Si no se trata, puede derivar en ceguera. Aparece con frecuencia a partir de los 40 años, y existe una predisposición hereditaria a padecerlo. Los síntomas pueden ser visión borrosa, halos en torno de las luces, dificultad para ver en la oscuridad… Se ha vinculado a déficits de tiamina (vitamina B1, presente en el pescado, la carne, las aves, los cereales integrales, las legumbres, los frutos secos…) y de vitamina A (en huevos e hígado, además de en los vegetales ricos en betacaroteno). Cualquiera de los síntomas citados señala la necesidad de acudir al oculista sin demora.

Cataratas
Esa nube indolora que se forma en el cristalino del ojo no sólo se da entre personas mayores; puede presentarse en jóvenes, como consecuencia de un problema metabólico no muy común. En general, se cree que las cataratas son consecuencia de la oxidación que se produce en el cristalino y de hecho se ha comprobado que las dietas ricas en vitamina C, de efectos antioxidantes, reducen notablemente el riesgo de cataratas. Otros estudios indican que la riboflavina (en la leche, los cereales integrales y el extracto de levadura) también ofrece protección. En otro orden de cosas, parece que la capacidad del ojo para metabolizar la galactosa (un tipo de azúcar) disminuye con los años. Ello, combinado con los altos niveles de galactosa que tienen las personas que padecen galactosemia, puede desecadenar la formación de cataratas.

 

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